Cena de empresa

 

Que poco me apetece ir a la cena de empresa de navidad, jefes y empleados mezclados con alcohol, siempre hay algún jefe que aprovecha la ocasión y la excusa del alcohol para acosarme y es denigrante, pero, sin una buena excusa, no suele ser buena idea no ir a la cena en esta empresa, son bastante machistas, pero si los sabes poner en su sitio se lleva bien, los sueldos son buenos y la cena es gratis. 

Me pongo una falta de tubo hasta la rodilla, mis tacones y una blusa, nada que llame en exceso la atención, me niego a ir como algunas otras que se ponen como si fuese una cena de gala, pero cada una es muy libre de hacer lo que quiera, a mi esta ocasión no me pide arreglarme más que para ir a la oficina un día cualquiera. Ellos van a ir con sus trajes de diario, ¿porqué debemos arreglarnos más nosotras?

Antes de empezar la cena a los jefes les gusta hacer balance del año, felicitarnos y dar alguna charla, está vez hay sorpresa, uno de los jefes anuncia que se retira anticipadamente y que deja su puesto a su hijo. Una pena, era uno de los jefes más amables y su hijo, tiene pinta de haber pasado más tiempo en el gimnasio que preparándose para suceder a su padre. Que decepción, cambiamos a uno de los pocos buenos jefes por un “hijo de papá”. 

La empresa es familiar y pueden hacer lo que quieran, pero, en fin… La cena transcurre según lo previsto, corrillos de cotilleos de oficina y la comidilla es el hijo del jefe. Algunas ya le han echado el ojo, siempre hay la que busca ascender en la empresa bajando cremalleras, y luego esa fama nos la llevamos todas.

Pasa la cena y empiezan las copas, estoy algo aburrida ya y a punto de irme cuando llega el hijo de papá a presentarse. Vaya, pienso, ahora tengo que poner buena cara a mi futuro jefe y seguro que es un engreído. Se presenta dándome la mano de forma muy profesional, es suave y fuerte, su tono de voz es encantador, poco a poco mis prejuicios van desapareciendo a medida que conversamos.

La verdad es que es bastante atractivo y tiene una conversación muy interesante, llevamos ya casi dos horas hablando y solo nos hemos tomado una copa cada uno. Ya casi no queda nadie en el local, salvo los típicos que llevan ya bastantes copas de más y estropean canciones en el karaoke que han instalado en la sala. Sus alaridos y desafines son insoportables.

El hijo de papá me invita a seguir la charla en otro sitio más tranquilo, estoy tan a gusto con él, que no me ha tirado los tejos en ningún momento, que empiezo a pensar si será gay, si estará felizmente casado o que, de modo busco la forma de preguntárselo sin ser demasiado impertinente.

Me contesta que le resultó muy atractiva, tanto física como intelectualmente y que está a gusto en mi compañía y aunque le encantaría tener algo conmigo no quiere dar el paso ante la duda de que yo le diga que si por ser quien es, o que le diga que no por el mismo motivo. 

Me conquista su sinceridad y yo me sincero con él, le cuento sobre mi idea inicial cuando lo vi y como ese prejuicio ha desaparecido por completo, en otras circunstancias a estas alturas de la noche ya estaría liada con él, pero comparto los miedos que el tenía, no quiero que piense que mi respuesta está condicionada por ser quien es.

Convenimos en dejar a un lado nuestras respectivas posiciones en la empresa, nos sentimos atraídos uno por el otro, de modo que el lugar tranquilo al que nos dirigimos termina siendo su casa, un lujoso apartamento en el centro de la ciudad.

Nada más cruzar el umbral nos empezamos a besar, sus manos elevan mi falsa dejando al descubierto el final de mis medias y mi trasero. Las mías comienzan a deshacerse de su ropa, abro su camisa para descubrir su bien torneado pecho, y voy desabrochando su cinturón, mientras noto como crece algo bajo su pantalón.

Me besa el cuello, algo que me pone a mil, su boca es suave y sus besos tiernos y cálidos recorren mi piel desde la oreja al hombro. Mis manos se deshacen de su pantalón que cae al suelo dejando al descubierto un elegante bóxer que oculta un bulto de considerables dimensiones. Sus manos recorren mis nalgas, mi cintura, mi espalda, mis costados hasta llegar a mis tetas, que agarra con firmeza.

Acaricio su abultamiento mientras nos besamos con una pasión cada vez mayor, descubro su miembro y lo recorro con mis dedos, está duro y caliente, mi sexo empieza a mojar mis braguitas. Lo pajeo con suavidad y el desliza su mano bajo la tela que tapa mi pelvis, rozando mis labios hasta introducir uno de sus dedos en mi empapada rajita.

Nos acariciamos mutuamente arrancándonos gemidos y haciendo aumentar nuestra excitación, los diestros movimientos de sus dedos me acercan al orgasmo a una velocidad cad vez mayor, mis piernas empiezan a debilitarse, agito su polla con velocidad, la aprieto entre mis dedos sintiéndola a punto de estallar, parece una carrera por ver quién se corre antes.

Me gana la carrera por muy poco, siento mis piernas tan débiles que me dejo caer al suelo sentándome sobre mis talones, con la respiración entrecortada y el pulso a mil, agarrada aún a su verga que ahora está frente a mi boca, acerco mis labios a su glande y lo beso con suavidad.

Mi lengua lo recorre y mis labios comienzan a envolverlo, gime de placer mientras mi boca hace desaparecer toda su longitud, muevo mi cabeza adelante y atrás, sus dedos se entrecruzan con los mechones de mi melena, empuja mi cabeza contra su pelvis haciendo que casi me ahogue, me encanta esa sensación pero aparto mi cabeza para coger aire, su polla sale cubierta de mi saliva.

La vuelvo a meter dentro mientras mi saliva resbala por la comisura de mis labios cayendo caliente sobre mis tetas. Sus dedos aprietan mi pelo, sus muslos se tensan y me avisa de que está a punto de eyacular. Quiero sentir como se derrama sobre mi cara, quiero ver salir su leche de modo que me aparto.

Apenas me aparto un espeso y abundante chorro cruza mi cara desde la frente a la barbilla, seguido por otros que aterrizan sobre mis labios y mis mejillas. Meto de nuevo su polla palpitante en mi boca succionando los últimos restos de su néctar, sabe delicioso, me relamo mientras lo miro y veo su cara desencajada por el placer, que se va recomponiendo en una hermosa sonrisa.

Me pongo en pie y me coge de la mano para enseñarme el resto de la casa donde me parece que voy a pasar el resto de la noche…

Texto e ilustración por @sexticles

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5 comentarios en “Cena de empresa

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