En casa

Llego a casa, cierro la puerta tras de ti y nuestros labios se buscan como si llevaran años sin verse, deseándose en silencio. Nos besamos con pasión, nuestras lenguas se pelean nuestras manos recorren frenéticamente nuestros cuerpos, la espalda, el cuello, estás aquí, estoy aquí, te deseo tanto…

No hemos salido del vestíbulo y ya hemos empezado a deshacernos de la ropa entre caricias y besos, mis manos te agarran las nalgas y las aprietan, tus brazos rodean mi espalda, mis labios bajan por tu cuello, hacia tus hermosas tetas, beso tus pezones, los mordisqueo.

Mi mano busca el calor de tu húmedo coñito, y la tuya agarra esa polla palpitante, deseosa de penetrarte, besas mi pecho y con tus besos recorres mi abdomen mientras tus manos se deslizan por mi espalda, erizando mi vello a su paso.

Metes mi polla en tu boca, la deseas, yo deseo que sea tuya, la besas, la recorres con tu lengua mientras tus manos agarran mis nalgas y las mías se pierden entre tus rizos. Me miras, te miro, nuestros ojos reflejan pasión, deseo, te levantas y me haces probar el sabor de mi polla, nos cogemos de la mano y nos metemos en el salón, la cama ya la conocemos, hoy toca algo diferente.

Llegamos al sofá y me empujas para que me siente, das unos pasos para atrás y te pones a cuatro patas y vienes gateando sensual, con mirada felina, te acercas a mí, separas mis piernas y de nuevo metes mi polla en la boca. Mis manos acarician tus bronceados hombros, subes al sofá y sigues comiéndomela, pero ahora tengo tu culo al alcance de mi mano…

Acaricio tu trasero, buscando tus orificios, estás caliente, muy caliente, y mojada, muy mojada, me encanta sentir tu humedad en las yemas de mis dedos. Rozo tu clítoris como por accidente, y eso te provoca un respingo, pero vuelves a tu tarea, devoras mi polla como si fuera un manjar que no puedes dejar de saborear.

Mis dedos hacen círculos sobre tu clítoris, se introducen en tu coño, se deslizan dentro con suavidad gracias a lo mojadita que estás, me pides que te penetre y te digo que todavía no. Mis dedos siguen jugando con tu coño, recorren el espacio entre tu rajita y tu ano y se detienen en él, introduciéndose con suavidad.

Un dedo en tu ano, otro en tu vagina, se mueven en círculos mientras otro roza tu clítoris, tu excitación es tal que no te puedes concentrar en la felación, te la sacas de la boca para gemir, tu respiración se entrecorta a medida que mis caricias hacen aumentar tu excitación.

Me vuelves a pedir que te penetre, te tumbas boca arriba en el sofá, sujetando las piernas con las manos, deseando mi polla. Me coloco sobre ti, notas mi polla presionando sobre tu pelvis, nos besamos con pasión, tu mano busca mi polla para meterla dentro, pero yo me echo hacia atrás, recorro tu cuerpo con mi lengua, bajo por tu cuello, entre tus tetas, por tu vientre hasta alcanzar mi objetivo, tu húmeda fuente de placer.

Beso tu pelvis, mi lengua juega con tu clítoris, se mete en tu coño, saboreando tus jugos, te penetro con mi lengua, recorro tus labios verticales con ella, mis manos juegan con tus pezones como si buscaran sintonizar la emisora de tus gemidos. Tus manos juegan con mi pelo, masajean mi cabeza…

Mi lengua sigue haciendo su trabajo, entrando y saliendo de tu coño, presiono con mis labios sobre tu clítoris, lo succiono, lo lamo, busco ver cómo te retuerces de placer, quiero hacerte alcanzar el orgasmo y tus espasmos me indican que ya no ando lejos de conseguirlo.

Llevas ya un rato reprimiendo gritar, tus manos ya no me acarician los hombros ni el pelo, lo aprietan con fuerza, me pides otra vez que te penetre con mi polla. Me encanta que me lo pidas, me excita, mi polla está en su punto álgido, la coges con las dos manos y apuntas hacia tu coño, medio derretido.

Me meto dentro de ti, siento el calor y la humedad de tu coño envolviendo mi polla mientras entra hasta el fondo. Pongo mis codos a los lados de tu cabeza y al penetrarte hacen de tope contra tus hombros. Entro y salgo de ti casi de todo, desde la derecha, desde la izquierda… mi polla recorre cada milímetro de tu interior, la sientes dentro, caliente, palpitante.

Tus manos recorren mi espalda, mi cintura, mi trasero, aprietas mis nalgas me quieres aún más dentro. Nos besamos con pasión, el sudor de nuestros cuerpos hace que resbalen uno sobre otro, te susurro al oído lo mucho que te deseo, mientras tu cara se desencaja con el placer, gimes, tus ojos están cerrados, tu cuerpo comienza a retorcerse de nuevo.

En plena excitación la saco, me siento en el sofá y te pido que me cabalgues. No te lo puedes creer estabas a punto de tener un segundo orgasmo, y te lo corto así. Te montas sobre mí, a horcajadas en el sofá, deslizas de nuevo mi polla dentro de ti y comienzas a moverte arriba y abajo.

Tus manos rodean mi cuello, tus tetas botan frente a mi cara, lamo tus pezones, mis manos se aferran a tu trasero, aprieto tus nalgas, las junto para que rodeen mi polla cuando entra y sale, las separo y mis dedos buscan tu ano, las vuelvo a juntar.

Las separo de nuevo y meto uno de mis dedos en tu ano, te sientes doblemente penetrada, tu coño y tu ano, notas como mi dedo y mi polla se tocan dentro de ti, a través de tu interior. Gimes, te vuelves a retorcer, incrementas la velocidad de tus movimientos arriba y abajo, vuelves a estar a punto, los dedos de tus pies se retuercen sin que lo percibas.

Coges mis manos con las tuyas y me las aprietas mientras dejas escapar un grito que esperas no oiga nadie más que nosotros, pero que te parece que oirán desde la calle.

Nos abrazamos, nos besamos, yo todavía no he eyaculado y mi polla sigue como si hubiera tomado toda una caja de pastillas azules, sabes que no es así, no sabes como, pero sabes que esto es lo normal, mi polla sigue queriendo guerra, aunque nuestro sudor delata que estamos al límite del agotamiento físico.

Te dejo caer sobre el sofá y te estiras boca abajo, sabes lo que viene ahora y sólo recordarlo te excita, podría ser un masaje, pero no, empiezo con mi lengua recorriendo tu espalda sudorosa, desde la nuca hasta el culo.

Coloco mi polla entre tus nalgas, como si me pajeara con ellas, presiono tu trasero, tus manos agarran los cojines del sofá.

Amaso tus cachas, juego con ellas, las junto las separo, juego con mi polla, apunto a tu ano, pero no entra, el agujero es muy estrecho, hoy puede ser el día, quieres sentirme dentro de tu ano, y así me lo pides, en un arrebato de lujuria y en un lenguaje impropio de ti:

– Quiero que me rompas el culo, lo deseo, rómpemelo.

Unto mi polla con los jugos que manan abundantes de tu coño, ensalivo mis dedos y con ellos trato de agrandar tu ano…

Coloco mi polla en tu entrada trasera y te susurro al oído:

– Tus deseos son órdenes para mi. Introduzco la mitad de mi capullo y tu ano comienza a dilatarse, poco a poco.

Dudas entre que siga o que pare, pero no dices nada, presiono con suavidad, mi capullo se va abriendo paso… notas como se abre tu esfínter, deseas que entre entera, lo sientes tan dilatado que te parece que ya debe estar toda dentro.

Respiras profundamente, yo separo tus nalgas tratando de abrirme paso, ya casi está dentro toda la cabeza de mi polla. Con tus manos agarras con fuerza mis muñecas.

Mi polla entra un poquito más y ya está dentro todo el capullo, con mis dedos recojo los jugos que manan de tu coño y unto mi polla, que poco a poco se va deslizando dentro de ti..

Sientes como entra, despacio. Te sientes llena, mi polla caliente es como un radiador dentro de tu culo, la meto un poco más, no más que lo que entra en tu boca, y la saco un poquito, así, poco a poco, entrando y saliendo, se va introduciendo más y más dentro de ti, cada vez con más suavidad.

El culo te arde, en una mezcla de placer y dolor en la que no sabes que te gusta más, entro y salgo de ti, noto como las paredes de tu ano aprietan mi polla, como si no la quisieran dejar escapar.

Poco a poco te vas relajando, una vez perdido el miedo inicial y tu esfínter se relaja, permitiendo que mi polla entre un poco más suavemente, más profundo cada vez. Comienzas a gemir, comienzas a moverte, a marcar tú el ritmo de la penetración.

Mis manos, apoyadas en el sofá están presas por las tuyas que rodean mis muñecas como unas esposas. Levantas el trasero, ya estás preparada para tener toda mi polla dentro y ahí la quieres, hasta el fondo…

La presión y el calor de tu ano, me excitan aún más, notas que mi polla palpita dentro de ti, mi excitación va en aumento, estoy a punto de llegar, y quieres que te llene.

Me meto un poco más en ti, salgo, me vuelvo a mete, me meto hasta el fondo y al tiempo que lanzo un gemido eyaculo en tu interior, notas como descargo mi leche caliente en tu ano, la sientes recorriendo tus entrañas y te retuerces de gusto alcanzando otro orgasmo…

Me quedo tumbado sobre ti, nuestros cuerpos sudorosos en contacto, estamos ardiendo, nuestros corazones laten a mil pulsaciones. Te beso el cuello, y te digo al oído:

–  Eres increíble.

Mi polla se va relajando y cuando pierde su tamaño la saco de tu ano, sigo recostado sobre ti y me coloco a tu lado, no hay mucho espacio en el sofá, pero cabemos los dos, nos miramos, nos acariciamos y tal cual estamos no tardamos en quedarnos dormidos, agotados.

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