Compartiendo a su marido

Mi amiga no deja de hablarme por teléfono de lo bien que folla su marido, de lo grande que la tiene y de que puede aguantar mucho sin llegar a eyacular. Yo no lo conozco más que en fotos pero cuando me cuenta esas cosas no puedo evitar mojarme.

Me he inventado una reunión en su ciudad y he conseguido que me invite a quedarme a dormir en su casa, una vez allí… ya veré si consigo comprobar por mi misma lo bien que folla.

Llego a su casa, está como la última vez que estuve allí, por eso sabía que tenían una habitación de invitados, me instalo, y les invito a cenar para agradecerles que me permitan quedarme.

Salimos a cenar a un restaurante cercano y entre los tres tomamos un par de botellas de vino, aprovechando que no hay que conducir de vuelta a su casa.

Subimos de vuelta a su piso y abrimos otra botella mientras seguimos conversando, aunque yo voy tratando de llevar el tema de conversación hacia el sexo, al poco estamos hablando de la posibilidad de hacer un trío.

Mi amiga no es muy partidaria de compartir a su marido, pero el alcohol y una partida de strip-pictionary hace que en medio del juego nos vayamos poniendo cada vez más calientes y desinhibidos.

Cuando me siento a ver como ella dibuja me arrimo a su marido, rozando su cuerpo, a él parece no disgustarle que lo haga, y ella que nos mira tampoco parece demasiado molesta.

Cuando ya estamos sólo en ropa interior y la segunda botella de vino está casi vacía (la segunda que tomamos desde que subimos al piso) se cruzan halagos a los cuerpos de unos y otros…

Le toco el firme trasero a mi amiga, ella me toca las tetas, y tras un rato su marido la imita y empezamos a tocarnos todos, el boxer de su marido ya no puede disimular su erección… y la verdad es que mi amiga no mentía…

Mis pezones están erectos y afortunadamente conservo aún mis braguitas de encaje negras que disimulan bastante la humedad que de otro modo ya estaría bajando por mis muslos.

Cuando su marido se queda sin el bóxer y su polla erecta aparece ante nuestros ojos mi amiga exclama orgullosa:

¿ves? Ya te dije que la tenía grande.

– Imposible no verla querida, me estás matando de envidia, desearía sentirla palpitando en mi mano.

– Adelante, pero no quiero que me dejes fuera, quiero siempre una parte de tí tocándome, besándome, rozándome…

Su condición es más que aceptable, acaricio esa larga y dura verga con una mano mientras beso los erectos pezones de mi amiga mientras ella se toca su empapado sexo y le da a probar sus jugos a su marido.

Así empezamos el intercambio de caricias. Su marido posa cada una de sus fuertes y suaves manos sobre nuestros traseros, los acaricia, los amasa, los recorre desde el muslo a la espalda…

Mi mano sigue acariciando esa polla que cada vez deseo más, mi amiga me besa con pasión, siento su dulce lengua recorriendo mi boca con frenesí, y mi coño se derrite imaginando esa lengua o esa polla llenándome

Mi amiga se inclina y hace desaparecer el glande de su marido entre sus labios, empapándolo con sus babas que mi mano extiende a lo largo de esa verga que parece crecer aún más, embadurnando también sus enormes bolas.

Ardo en deseos de saborear esa polla que palpita en mi mano, le pido permiso a mi amiga con una mirada que entiende a la primera, separa su cabeza y me ofrece la oportunidad de sentir como esa polla va atravesando mi boca.

La devoro con gula, dejando mi lengua fuera para que me quepa más verga dentro de la boca. Me la introduzco todo lo profundo que puedo hasta atragantarme.

Me la saco de la boca para toser y la trago de nuevo, alzo la vista y los veo besándose con pasión, mientras la fuerte mano de su marido se posa sobre mi cabeza evitando que la separe mucho de su pene.

Ella se coloca a horcajadas sobre él mientras yo sigo con mi mamada, su coño está junto a mi cara, el olor de sus jugos me invade a medida que se acerca.

Llega el momento de dejar de saborear tan delicioso manjar, lubricado por mi abundante saliva lo restriego contra el sexo de mi amiga haciéndola gemir, segundos después todo ese delicioso miembro ha desaparecido dentro del coño de mi amiga que comienza a cabalgarlo despacio.

Deslizo mi lengua sobre el ano de mi amiga, dejo caer un hilo de densa baba que corre sobre su ano hacia esa verga que entra y sale en una cadencia lenta y de movimientos coreografía dos entre los dos.

Comienzo a cubrir el trasero de mi amiga con besos, y de ahí voy subiendo por su espalda, restregando mis tetas, con sus erectos pezones, contra la suave piel de mi amiga, sincronizando mis movimientos con los suyos, siento como si yo lo cabalgase también.

Susurro a mi amiga en el oído lo mucho que me gustaría sentir la polla de su marido atravesando mi ano. Tras el susurro comienzo a lamer su oreja y su cuello. Sus gemidos aumentan, no sé si debido a mis lametones o a la cercanía de su orgasmo por acción de su marido, o por la combinación de todo, pero no me importa…

Vuelvo hacia atrás sobre la espalda de mi amiga, me separo para ver cómo se la folla, ella lo cabalga como una amazona, con su melena rebotando sobre su espalda, él agarra su cintura, ambos jadean y gimen.

Ella encorva su espada hacia atrás, retuerce las sábanas con sus manos mientras su cuerpo empieza a vibrar en un orgasmo increíble. No dejo de tocarme mientras observo la escena esperando ansiosa mi turno.

Mi amiga se deja caer hacia un lado, exhausta, dejando al aire esa tiesa polla apuntando al techo. Con su mirada me insta a que ocupe su lugar y no desperdicie esa erección que tanto me apetece.

Me siento sobre su polla, mirando hacia sus pies, lubricada por los jugos de ella entra sin mucha dificultad en mi ansioso ano, noto como cada ardiente centímetro me atraviesa, llenándome toda.

Las fuertes y suaves manos de él se posan sobre mis nalgas, las amasan, las golpean, las juntan y las separan mientras yo salto sobre él.

Su mujer nos mira mientras se acaricia los pechos y se acerca reptando hacia mi. Me besa en los labios y luego se acerca a susurrarme al oído…

¿Te gusta zorra?

Un si con una alargada vocal se escapa entre mis labios mientras ella agarra una de mis tetas y empieza a succionar uno de mis pezones.

Acaricio su sedosa melena mientras su marido tira de la mía haciendo que mi espalda se arquee y su polla se clave aún más en mi culo. Me acaricio el clitoris acelerando la llegada de mi anhelado orgasmo.

Él anuncia la llegada de su leche, descabalgo y nos colocamos las dos mejilla contra mejilla esperando que sus chorros lluevan sobre nuestras caras y nuestras bocas.

De la punta de su glande sale el primer borbotón del espeso y blanco líquido que aterriza sobre nuestras caras uniéndolas con una blanca línea a la que siguen otras que cubren nuestras mejillas, nuestros labios…

– Ha sido una experiencia deliciosa. Le digo a mi amiga.

– La noche aún es joven. Me dice mientras sus dedos se deslizan dentro de mi empapado coño.

Inspirado en uno de los deliciosos tuits de @kristhina48

Texto e ilustración por @sexticles

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4 comentarios en “Compartiendo a su marido

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