Compartiéndote

Hace tiempo que me lo has pedido, pero nunca me había atrevido a dar el paso, las comparaciones son odiosas y siempre tenemos miedo a salir perdiendo.

Hoy está con nosotros ese compañero tuyo de trabajo que tanto te gusta, voy a intentar tragarme mis celos y compartirte con él. Espero que el vino que ha traído a la cena me ayude.

Tras unas cuantas copas ya me siento más relajado, estamos los tres en el sofá del salón, tú estás sentada en medio de los dos, acariciando nuestros muslos, acercando tus manos a nuestras erecciones.

Me miras, me besas y me susurras al oído palabras de agradecimiento mientras tus hábiles manos liberan mi polla de su prisión. Tu compañero no pierde el tiempo y se despoja de toda su ropa.

Para mi tranquilidad, desnudo no está mucho mejor que yo, está algo más definido, pero su polla erecta no supera a la mía, lo que le da un pequeño empuje a mi ego.

Acaricias su polla y la besas mientras yo me desvisto, tu mano se desliza sobre su miembro y tu cálida y húmeda boca rodea su glande con tus sedosos labios.

Te vuelves hacia mi, y me dedicas a mí las mismas atenciones, aunque sin dejar de menear su polla arriba y abajo.

Te pones en pie, ofreciéndonos un sensual strip-tease mientras nos pajeamos mirándote. Te recreas viéndonos excitados, deseosos de poseerte mientras vas mostrando tu escultural cuerpo.

Me fijo en su cara, o disimula muy bien o es la primera vez que te ve con el traje que vestías al nacer, está boquiabierto y ojiplático mientras contoneas tu cuerpo dando vueltas frente a nosotros.

Vuelves al sofá, y de nuevo tus suaves manos se posan sobre nuestros duros penes, alternas caricias con besos y lametones a un lado y a otro. Las manos de tu compañero empiezan a recorrer tu cuerpo.

Beso tu cuello cuando te incorporas, él busca tus erectos pezones con sus labios. Una de mis manos se desliza sobre tus muslos, hasta encontrar la calidez y humedad de tu sexo.

Deslizo mis dedos sobre tus labios mientras él devora tus hermosas tetas, las amasa con deseo. Entre los dos arrancamos tus primeros jadeos, tus manos siguen recorriendo nuestros genitales, la polla los huevos, como si quisieras llevártelos para tí.

Te agarro de los muslos y te pongo en cuatro patas sobre el sofá. Tu boca engulle su polla con deseo mientras mis labios besan los labios que tienes entre las piernas, mi lengua se desliza entre ellos, el delicioso olor de tus jugos me embriaga.

Tu saliva desborda tu boca empapando toda la verga y los huevos de tu compañero, que sujeta tu cabeza contra su pelvis follandote la boca.

Mi lengua busca ahora tu ano, ese oscuro objeto de deseo del que he disfrutado plenamente solo en determinadas ocasiones. Lo lamo, escupo dentro, mientras mis manos amasan tus redondas nalgas.

Sacas su polla de la boca y me pides que te folle el culo. Tus palabras resuenan en mis oídos, me incorporo, deslizo mi glande sobre tus labios vaginales, untándolo en los abundantes jugos que manan de tu coño.

Lo dirijo a tu estrecho agujero, tus manos separan tus nalgas mientras tu boca sigue devorando la polla de tu compañero y sus manos acarician tu espalda que se arquea al notar mi polla entrando en tu ano.

La introduzco despacio, disfrutando de la acogedora estrechez de tu cálida entrada, siento cada milímetro de mi piel atravesando tu esfínter, mientras tu boca se abre emitiendo una larguísima primera vocal.

Mi dura polla está ya completamente dentro de tí, siento en mis bolas la humedad de tu raja. Comienzo a moverme y como en un sincronizado engranaje, tu cabeza sube y baja haciendo aparecer y desaparecer esa polla apenas visible tras la cortina de babas que la cubre.

Mis manos agarran firmemente tu cintura, mis movimientos aumentan de ritmo, tu compañero jadea, está a punto de correrse en tu boca.

Te separas justo a tiempo para que descargue su espesa leche sobre tu cara, el maquillaje de tus ojos se ha corrido, la pintura de tus labios ha desaparecido, me miras con la cara embadurnada de tus babas y su leche y me pides que me descargue en tu trasero.

No tardo en hacerlo mientras tu compañero recupera el aliento y su erección va desapareciendo. Mi polla explota dentro de tu ano, recibes mi leche caliente con júbilo, gritas, jadeas, meneas tu trasero como si quisieras que mi leche llegara a tus intestinos.

Tus dedos estimulan tu clitoris intensificando el orgasmo que precede a un grito que deja salir todas tus fuerzas, tus piernas se debilitan y siento cómo aumenta el peso que sostienen mis manos agarradas a tu cintura.

Saco mi polla de tu ano, aún erecta y cubierta con los restos de mi leche mientras te deslizas del sofá y te arrodillas en el suelo, la agarras con ambas manos y la lames de arriba abajo, mirándome. Me guiñas un ojo en señal de agradecimiento.

Extiendo mi mano y rodeó con ella tu barbilla, haciéndote levantar, nos fundimos en un apasionado beso mientras tu compañero se pone en pie tras de ti y nos rodea con sus brazos.

Es momento de cambiar de ubicación, la noche aún es joven y mis miedos e inseguridades se han desvanecido, me encanta sentirte mía aún cuando te comparto… Seguimos.

Texto e ilustración por @sexticles

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