Fantasía recurrente

Estoy volviendo del gimnasio de noche, se me ha hecho tarde y no me he cambiado al salir, llevo puestas las mallas ajustadas, el top que deja al descubierto mi vientre y en la mano la bolsa con la ropa de calle.

Camino hacia mi coche, lo he tenido que dejar algo lejos, no hay nadie por la calle a estas horas y yo estoy cansada. De repente una fuerte mano tapa mi boca desde atrás y tira de mí, llevándome en volandas agarrada por la cintura con un solo brazo de espaldas hasta un oscuro callejón.

Allí, entre las sombras distingo la figura de otro hombre, el típico usuario intensivo de gimnasio, un torso y unos brazos enormes y unas piernas desproporcionadamente delgadas en comparación. Mientras el otro sigue sujetándome desde atrás, tapando mi boca y rodeando mi cintura con su enorme brazo.

Yo no dejo de patalear y de intentar en vano zafarme de mi captor, pero mis pies ni llegan al suelo, yo soy bajita, pero mi captor debe ser bastante alto pues ni rozo el suelo.

Mi captor me susurra al oído: “No te resistas o será peor, relájate y verás lo que es disfrutar de dos machos sólo para ti.”

Dejo de patalear convencida de que poco puedo hacer. No distingo a ver la cara del que se acerca, porque antes de que esté suficientemente cerca me colocan de cara a una pared, y mientras mi captor sujeta mi cara, el otro me arranca las mallas de un tirón.

– Tienes un culo muy bien torneado, nena, se nota que sacas buen provecho del gimnasio.

Mientras dice esto amasa mis nalgas desnudas dado que el tanga no las cubre en absoluto. Se acerca y restriega su polla contra mi trasero. Su compañero sigue sujetando mi cara contra la pared, aplastando mi mejilla contra la fría superficie.

Me arranca el tanga de un tirón tan fuerte que los laterales rozan la piel de mi cadera, probablemente me quedaran marcas ahí, porque noto un leve escozor.

Súbitamente el que me sujetaba contra la pared me carga al hombro como si yo fuese un saco de paja, con mi cintura sobre su hombro, mi torso colgado sobre su enorme espalda, me fijo en su trasero, pequeño pero firme, a pesar de la situación, me resulta atractivo y no puedo resistirme a estirar mis brazos para amasarlo como hacen ellos con el mío.

– Te gusta mi culo ¿eh? – Me dice mientras sus manos separan mis nalgas para que su compañero escupa sobre mi ano.

Un fuerte dedo esparce la saliva que se desliza entre mis nalgas alrededor de mi ano, untándolo, lubricándolo. La sensación no me desagrada en absoluto, y mi coño empieza a dar muestras de ello.

Ahora una lengua penetra mi ano, mientras mis manos se entretienen acariciando la cintura y el trasero de mi captor.

– Parece que la fierecilla está dispuesta a colaborar.

– Y por cómo está empapando mi hombro y sobando mi culo creo que no lo está pasando mal.

Efectivamente, he asumido que si me resisto probablemente me hagan daño, así que me relajo tal y como me sugirieron, y disfruto, al fin y al cabo, aunque no les veo la cara, sus cuerpos me parecen bastante atractivos y esa lengua en mi ano me está haciendo llegar al cielo.

La lengua deja su lugar a un dedo, que entra sin dificultad. Sale y ahora son dos dedos los que entran, también sin mayores dificultades, de modo que entra un tercero que tras un poco de esfuerzo se abre camino todo lo que puede hasta que los dedos que quedan fuera tocan mi piel.

Mientras mi captor comienza a hurgar con sus dedos en mi coño con poca delicadeza, más bien con algo de torpeza, pero mi excitacion es tal por el trabajo de su colega en mi trasero, que la lubricación de mi coño atenúa la torpeza de sus movimientos.

Los tres dedos han dilatado ya mi ano de tal manera que cuando intenta meter el puño entero, lo consigue con muy poca resistencia. Sentir mi culo tan lleno me produce un placer que no habría imaginado nunca. Su compañero hace lo mismo y tengo dos puños dentro de mí que empiezan a moverse acompasadamente, entrando uno cuando sale el otro, aunque pronto pierde la coordinación, pero ya me da igual, estoy que me derrito de gusto.

Clavo mis uñas en el duro trasero de mi captor, mientras ellos siguen dando puñetazos dentro de mi. Rodeó la cintura de mi captor buscando su polla, tiene una espalda tan ancha que apenas alcanzo a rodearlo. En esas estoy cuando me desmonta de su hombro y me deja en el suelo.

Su compañero está sentado contra la pared con una enorme polla en la mano y con la cara cubierta por un pañuelo o algo así que me impide reconocerlo. Mi captor me coloca en cuatro patas frente a su compañero, gateo hacia él buscando esa polla que deseo devorar.

Mis labios rodean ese enorme glande y mientras lo hago sus manos agarran mi pelo, enrollando mi melena en dos coletas alrededor de sus puños.

Mi captor se coloca tras de mí y comienza a deslizar su polla de mi ano a mi coño, haciéndome estremecer, penetra mi coño de un golpe, con fuerza, haciendo que la polla de su compañero se me clave hasta el fondo de la garganta, provocándome una arcada.

Comienza a follarme el coño con fuerza y con toda la destreza que no tenían sus manos, que agarran ahora con firmeza mi cintura. La polla de su compañero llena mi boca, mi saliva se densifica, transformándose en una abundante cantidad de baba. Sus manos tiran de mi pelo haciendo que mi cabeza suba y baje, y su polla envuelta en mis babas entre y salga de mi boca.

Me follan el coño y la boca haciendo que mi cuerpo se estremezca presa de un mar de indescriptibles sensaciones. Me gusta su rudeza, sus cuerpos fibrosos y duros, mis manos recorren su abultado pecho, sus marcados abdominales…

La polla que tan bien me está follando el coño deja de hacerlo para atravesar mi ano, sus huevos chocan contra mi coño en cada embestida, y la polla de su compañero entra hasta el fondo de mi garganta, tan adentro como nunca habría imaginado que pudiera albergar en mi boca, mi barbilla golpea sus huevos en cada embestida.

Tras un largo rato zarandeada hasta el punto de que mis piernas ya no responden recibo en mi culo una inesperada y abundante descarga de espesa leche mientras sus dedos se clavan en mis nalgas.

Su compañero con los huevos cubiertos por mis babas, saca su polla de mi boca tirando de mi pelo hacia atrás y descarga su leche sobre mi cara, mi frente, mis ojos, mi boca…

– Te has portado muy bien, zorra, creo que lo has disfrutado tanto o más que nosotros.

Me dice mientras limpia su polla con mi melena. Mi culo desborda leche y mi cara está también cubierta de leche. Ellos se van dejándome sin fuerzas tirada en el frío suelo del oscuro callejón. Mis mallas rotas y mi tanga están tiradas. Busco en i bolsa de deportes la ropa que tenía para cambiarme, me visto y me voy hacia casa con una sonrisa.

– Sueño esto muy a menudo doctor. ¿Es malo que tenga estos sueños? ¿Qué significan?

– Los sueños son a veces manifestaciones de nuestros deseos, veo que no lo percibes como una pesadilla a pesar de que lo empiezas describiendo como una violación. No creo que desees ser violada, pero si veo que puede ser reflejo de un deseo oculto de experimentar nuevas sensaciones. No es malo que tengas esos sueños, sobre todo si no te hacen sentir mal.

– No, mal no me siento, de hecho me despierto con el coño empapado y envuelta en sudor, pero me preocupaba mi actitud ante una violación, no me parece normal sentir deseo en una situación así…

– No te preocupes.

Texto e ilustración por @sexticles

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4 comentarios en “Fantasía recurrente

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