Hazme guarradas

Entras por la puerta y me cuelgo de tu cuello, mis brazos lo rodean, los tuyos rodean mi cintura, mis piernas se enroscan alrededor de tu cadera mientras mis labios buscan los tuyos y nos fundimos en un largo y apasionado beso cargado de deseo.

Mi cuerpo está cubierto por un batín de seda que me permite sentir con viveza la fuerza y suavidad de tus manos sobre mi cuerpo. Mis tetas se aplastan contra tu pecho, tus manos me sostienen en el aire agarrando mis firmes nalgas,.

Caminas conmigo colgada de ti y entramos en el salón, me acercas al sofá, allí me descuelgo de tí, arrodillada sobre la alfombra comienzo a desabrochar tu cinturón y tu pantalón, con la vista fija en tu fabulosa erección, que habría ya empapado mis braguitas, si las llevase puestas.

Libero tu deseado pene, que salta como un resorte frente a mi cara, lo acaricio con ansia, beso tu glande, lamo tu tronco. Solo llevo sin verte desde esta mañana, pero llevo todo el día deseando volver a disfrutarte. Devoro tu polla como si no la hubiera catado en años. 

Mi saliva la cubre, mi cabeza se mueve adelante y atrás haciéndola desaparecer en mi boca hasta que tus huevos golpean mi barbilla. Tus manos sujetan mi cabeza. Me encanta cuando diriges mis movimientos, adoro que me folles la boca mientras te miro a los ojos.

Tu polla llena mi boca, entra y sale cubierta de mis babas, hilos de saliva cuelgan entre tu glande y mis labios cuando me separo para coger aire. Me atraganto, mis ojos lagrimean, mi nariz moquea, mi maquillaje se corre, me haces sentir guarra, y lo adoro.

Mis manos rodean tus firmes nalgas mientras sigues follando mi boca sin descanso, las separo y busco tu ano con mis dedos, hasta conseguir que uno de mis dedos atine con tu entrada posterior. Tu polla se endurece aún más si cabe cuando notas mi dedo intruso penetrándote.

Sueltas un gemido, tu polla ardiente palpita en mi boca, presiona contra la parte interior de mis mejillas de manera alternativa, se hunde hasta el fondo de mi boca hasta el punto de provocarme arcadas.

Mi coño es una fuente, lo acaricio con una mano mientras la otra ha quedado presa cuando has atrapado mi dedo con tu esfínter. Mi mano libre juega con sus dedos sobre mis labios, mi clitoris, llevándome aceleradamente al orgasmo mientras mis babas caen sobre mis tetas cuando sacas tu polla de mi boca.

Chorros de tu caliente esperma salpican mi cara, se deslizan hacia mi boca, mi lengua los saborea, lamo tus huevos, mientras restriego tu polla sobre mi piel, recogiendo con ella tu rastro de espema para llevarlo a mi boca y deleitarme con su dulce sabor.

Me pongo de pie, te arranco la camisa y te indico, presionando tu pecho desnudo que te tumbes sobre la alfombra. Me vuelvo a arrodillar, pero ahora tu boca está bajo mi empapado coño, tu lengua se desliza sobre mis labios mientras mis dedos se enredan en tu pelo.

Tus manos aprietan mis nalgas, mi cintura, mis tetas. Muevo mis caderas restregando mi coño sobre tu cara, empapándola con mis abundantes jugos. Tu diestra lengua me deleita con sus movimientos, rápido, lento, a un lado, a otro, recorre cada recoveco de mi sexo, derritiéndome de placer.

Mis erectos pezones se retuercen entre tus dedos, me haces gritar, mi espalda se arquea, los dedos de mis pies se encogen sobre sí mismos, mis manos retuercen los mechones de tu pelo mientras un poderoso orgasmo recorre todo mi cuerpo haciéndome vibrar como un diapasón.

Es tal el placer que no puedo controlarme y me orino sobre tu cara, mis piernas no pueden con mi peso y no puedo levantarme. Mi orina se desliza sobre tu piel y tu pelo, tus manos agarran mi cintura y me desplazas hacia atrás sentándome sobre tu duro abdomen.

Adoro que seas tan receptivo a mis guarradas y quizás es eso lo que nos tiene tan compenetrados. Me echas a un lado, tumbándome sobre la alfombra. Agarras tu pene, que aún no ha recuperado la erección y apuntas con el hacia mi. Se lo que vas a hacer y lo deseo. Una lluvia dorada cae sobre mi piel desnuda y rebota salpicando la alfombra.

Empapada, con mi maquillaje absolutamente desastrado, me pongo en pie ante tí. Tu fuerte mano derecha sujeta mi mandíbula y acercas mi boca a la tuya. Abro mi boca y tú escupes dentro justo antes de sellar mis labios con los tuyos fundiéndonos de nuevo en otro apasionado beso.

Mientras nos besamos me coges por debajo de las rodillas, rodeo de nuevo tu cuello con mis brazos y me dejo llevar, como la novia que cruza el umbral de la puerta el primer día del matrimonio, a lo largo del pasillo hacia el dormitorio.

 Me dejas caer sobre la cama como un saco, reboto sobre el colchón, me pongo a gatear como una tigresa esperando por su comida, deseando que tu flamante polla recupere su erección.

Me coloco de espaldas a tí, a cuatro patas sobre la cama, con las piernas ligeramente separadas, ofreciéndote una privilegiada vista de mis estrechos agujeros que esperan con ansia ser penetrados.

Tus manos se posan sobre mis nalgas, acariciándolas, pasando a mi cintura, mis costados, mi espalda, en un firme y agradable masaje hasta alcanzar mi cuello. Arqueo mi espalda, mi cara se pega a la almohada y mi trasero se eleva buscando tu pelvis.

Deslizas tu polla entre mis nalgas, a medida que recorre mi canal se va endureciendo. Rozas mis labios, extremadamente sensibles, lo que me provoca un estremecimiento. Tu polla se introduce despacio entre mis pliegues, empapándose con mis jugos.

Tus manos me sujetan firmemente de la cintura tirando de ella hacia tí, haciendo que tu polla se clave hasta lo más profundo de mis entrañas. Siento cada milímetro de tu polla atravesándome con parsimonia mientras tus dedos se hunden en las carnes de mi cintura.

Aumentas el ritmo de tus embestidas, aumenta el ritmo de mis pulsaciones, mis erectos pezones se deslizan sobre las suaves sábanas incrementando aún más mi excitacion. Tus jadeos se unen a los míos e inundan la habitación.

Sacas tu polla de mi coño y sin aviso previo colocas tu punta sobre mi esfínter, y, de un brusco y sorpresivo movimiento me das por el culo, adoro usar esa expresión para referirme al sexo anal, me hace sentir dominada, y en esta situación, es en la única en la que ese sentimiento no me produce rechazo, sino una profunda atracción.

Bombeas dentro de mi culo con furia, agarrando mi pelo como si de unas riendas se tratara, y me follas fuerte, duro, haciéndome gritar y pedir más. Me duele el culo, sé que en las próximas horas no voy a estar muy cómoda sentada, pero no me importa. Lo deseo.

Mis manos retuercen las sábanas, muerdo la almohada mientras me conduces de nuevo al orgasmo, tus bufidos anticipan que estás a punto de eyacular otra vez, estoy deseando sentir como tu leche caliente llena mi ano.

La primera vocal sale alargada de tu boca al tiempo que descargas tu espesa esencia en mi entrada trasera, tus dedos se clavan en mis nalgas, las juntas y las separas, tu cuerpo tiembla, tus huevos se vacían dentro de mí.

Sacas tu polla dura, caliente y colorada de mi ano y tras ella un hilillo de blanca leche desborda mi esfínter y corre hacia mis labios. Tu deliciosa crema gotea de mi interior. 

Me tumbo de costado, exhausta, me volteo quedando boca arriba. Mi pecho sube y baja agitado. Tú yaces a mi lado, boca arriba, con tu polla parcialmente cubierta por restos de tu semen.

Haciendo un esfuerzo físico movida por mi deseo, repto sobre tu torso en dirección a tu pene, todavía parcialmente erecto y lo recorro con mi lengua, limpiando toda su superficie, pasando a continuación a lamer también la bolsa que recubre tus testículos.

Tu mano se desliza sobre mi cabello mientras te limpio, miro hacia tí, me sonríes, te sonrío y prosigo con mi tarea mientras tú mano se desliza delicadamente sobre mi espalda y mi trasero.

Espero que no tardes mucho en llegar, estoy deseando hacer todo lo que te acabo de describir en este email. Sé que acabas de llegar al trabajo y que no hace más de una hora que nos hemos visto, pero soy adicta a ti, y estoy deseando que me vuelvas a hacer todas estas deliciosas guarradas que a tu mujer no te atreves a pedirle. 

Texto e ilustración por @sexticles

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