Házmelo en tu despacho

La reunión está resultando de lo más estresante, como clienta no pareces contenta con la presentación de mi propuesta, no paras de decir que le falta algo, pero no acabo de entender de que se trata.

Finalmente te pones en pie frente a mí, del otro lado de la mesa, haciéndome temer que la reunión se ha acabado sin haber llegado a ningún acuerdo, me pongo en pie y tú rodeas la mesa para acercarte a mi, en lo que supongo que va a ser el fin de nuestra relación comercial.

Te plantas frente a mi y me dices:
– No se si eres tonto o te lo haces. Más clara no he podido ser.
De pronto y para mi sorpresa tiras todo lo que hay sobre la mesa.
– No es esto lo que más me interesa ahora. ¿No lo ves?

Desabotonas un par de botones de tu blusa, dejándome ver parte de tu hermoso pecho cubierto por un sujetador que lo realza aún más. Y luego tu mano se lanza hacia mi entrepierna, haciéndose reaccionar al instante mi polla.

– Esto es lo que quiero. Si me follas tan bien como dicen que lo haces el proyecto es tuyo. Tu proyecto es excelente, quiero ver si en el resto estás a la misma altura.

Estoy sin palabras, me tienes, literalmente cogido por los huevos. Pero es una situación que me resulta en extremo excitante. No puedo negar que me resultaste muy atractiva desde el día que te vi y aunque no sospechaba de tus verdaderas intenciones, me siento doblemente halagado.

Separo tu cabello y comienzo sin dilación a besar tu cuello. Gimes mientras tus manos desabrochan mi cinturón. Mis manos agarran tu cintura y te siento sobre la mesa. Levantas tu falda a la altura de tu cintura mientras me deshago de tus medias y tus braguitas.

Te deshaces de mi camisa arrancando los botones de un fuerte tirón. La pasión aumenta por momentos. Descubres la evidencia de mi excitación al dejar libre mi polla, que agarras ávidamente con ambas manos. Mis dedos se deslizan por tu sexo, suave, ardiente, húmedo. Mi boca desliza tu sujetador descubriendo tus oscuros y erectos pezones.

Los beso, los chupo, los mordisqueo. Con tus manos deslizas mi glande sobre tu sexo, humedeciéndolo con tus abundantes y deliciosamente olorosos jugos. Gimes, te retuerces de placer. Tus piernas se estiran sobre mi pecho.

Cojo uno de tus pies y comienzo a chupar sus dedos mientras mi polla se desliza dura y caliente entre los labios de tu coño. Siento como cada centímetro penetra tus apretadas paredes. Mi pulgar acaricia con suavidad tu clítoris, abultado y palpitante.

Comienzo a embestirte cada vez con más vigor, mis pelotas rebotan contra tus firmes nalgas, chapoteando cada vez que se encuentras con el torrente de jugos que desborda de tí.

Mi polla entra y sale cubierta de tus blanquecinos jugos, tus manos agarran tus nalgas, separándolas mientras me pides más entre jadeos. Te embisto más fuerte, más profundo, más rápido.

El movimiento hace que tus tetas se salgas del sujetador que aún las contiene, se bambolean y agitan, lo mismo que tu melena y todo lo que aún no ha caído de encima de la mesa.

Tus manos agarran mis antebrazos, clavas en ellos tus uñas mientras mueves la cabeza a izquierda y derecha, gritando extasiada mientras anuncias tu orgasmo y me pides que te de mi esencia.

Tus piernas atenazan mi cintura, impidiéndome apartarme cuando sientes que mi polla palpita mientras mis testículos envían a chorros su producción.

Me corro dentro de ti con espasmos de placer, el sudor cubre mi torso desnudo, tus piernas aflojan la presión y tu boca dibuja una sonrisa de satisfacción.

– Estás contratado, a condición de que hagas un seguimiento exhaustivo de la evolución del proyecto y de la ejecución de la obra.

Saco mi polla de tu interior y un hilillo de espeso y caliente semen sale de tu coño, al notarlo lo recoges con tus manos y lo llevas a la boca mirándome con deseo.

– Veo que todavía te queda energía. Quiero que des un repaso también a la parte de atrás antes de irme.

Te bajas de la mesa y te vuelves mostrándome tu redondo trasero, inclinas tu cuerpo sobre la mesa, ofreciéndome una espectacular vista de tus largas piernas. Con tus manos separas las nalgas invitándome a acceder a tu entras trasera.

Dejo caer un poco de saliva sobre tu ano, y con mis dedos lubrico toda tu entrada, recogiendo también para ello parte de la mezcla que mana de tu coño.

Una vez hecho esto acerco mi cara a tus nalgas, coloco mis manos sobre las tuyas abriendo más aún tus piernas, introduciendo mi cabeza en medio enviando mi lengua a explorar el interior de tu esfínter, llenándolo de saliva.

Empiezas a gemir de nuevo al notar como mi lengua se folla tu culo, dibuja círculos alrededor de tu ano, entra, sale… Empiezo a recorrer la tersa y suave superficie de tus nalgas con cálidos besos, siguiendo hacia tu espalda mientras me incorporo.

Coloco mi glande a la empapada entrada de tu culo, y voy presionando hacia dentro, su forma cónica va dilatando tu entrada, despacio, hasta llegar al punto de máximo grosor.

Una vez rebasado entra la parte estrecha inmediatamente posterior y poco a poco va entrando mi polla, cubierta de palpitantes venas y que se va haciendo de nuevo más gruesa, rebasando el grosor de la parte ancha de mi glande.

Una cálida sensación me recorre a medida que mi polla se va deslizando entre tus estrechas paredes. Te agarro de la cintura mientras voy acercando mi pelvis con una lenta maniobra, deleitándome con cada rugosidad de mi polla que te penetra.

Estiras tus brazos hasta alcanzar con ellos el otro extremo de la mesa, agarrando el tablero con ambas manos. Comienzo a mover mi cintura adentro y afuera, sacando mi polla de tu culo hasta que el glande llega a tu esfínter para luego volver a entrar, repitiendo este movimiento una y otra vez, modificando el ritmo y la profundidad de mis embestidas.

Tus gemidos de placer se tornan chillidos cuando con una de mis manos busco estimular tu sexo de nuevo. Aún está sensible y tu clitoris  sigue hinchado, con lo que cada leve roce sobre él te hace saltar.

Tus piernas se mueven chocando tus rodillas, su fuerza se desvanece y de no ser que tu torso está sobre la mesa, ya estarías en el suelo. Arqueas la espalda y golpeas la mesa con las palmas de las manos mientras gritas de placer, estremecida por un nuevo orgasmo.

Texto e ilustración por @sexticles

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3 comentarios en “Házmelo en tu despacho

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