En el cielo

Seguimos en el avión, ya he descubierto lo excitante que puedes llegar a ser,  seguidora misteriosa, y una vez has metido mi polla dentro de los pantalones tras una deliciosa felación, el vuelo prosigue, todavía nos quedan muchas horas antes de llegar al destino.

Mi mano sigue acariciando tus nalgas mientras apoyas tu cabeza en mi hombro. Deslizo mis dedos entre tus nalgas en busca de la fuente de toda esa humedad que empapa tus braguitas. Rozo tus labios, los separo para dejar que mis dedos se sumerjan en tu suave y cálido coño.

Tu mano vuelve sobre mis pantalones, todavía no he recuperado la erección, sigo concentrado en que ahora seas tú la receptora de tanto placer como me acabas de dar. Tus gemidos me indican que voy por buen camino, mis dedos se mueven en tu interior.

Me susurras al oído:

– Necesito que me folles. Quiero que me folles.

La mayoría de los pasajeros están ya dormidos, de modo que nos levantamos y nos dirigimos al aseo sin necesidad de disimular. Los pocos pasajeros que aún no duermen están absortos en su entretenimientos y no reparan en nuestra presencia. 

Avanzando por el pasillo siguiendo el sinuoso contoneo de tus caderas mi polla empieza a recuperar la erección. Abres la puerta, te vuelves y me diriges una mirada lasciva mientras te muerdes el labio inferior. El efecto que esa acción produce sobre el incipiente bulto bajo mis pantalones es muy evidente.

Me haces un gesto con el dedo invitándome a entrar contigo sin cambiar la lujuriosa expresión de tu cara. Entro tras de ti en el angosto habitáculo, cerramos la puerta y nuestros labios se buscan, uniéndose mientas nuestras lenguas se saborean mutuamente.

Me arrancas la camisa y besas mi pecho, levanto tu vestido por encima de tu cabeza, dejando al descubierto tus hermosas curvas, solo cubiertas por un sensual conjunto de lencería y unas medias que cubre tus piernas hasta la mitad de tus tersos muslos.

Mis manos agarran tu trasero y te cojo en volandas, tus piernas rodean mi trasero mientras recorro el paso que nos separa de la puerta del aseo y apoyo tu espalda contra la puerta del baño, uno de tus brazos rodea mi hombro, mientras tú mano desliza mis bóxers y mis pantalones hacia abajo sobre mi trasero.

Mi ardiente y dura polla está de nuevo preparada para la acción, deslizo mis dedos bajo tus empapadas braguitas, rozando tus labios con mis dedos, arrancándote un suspiro mientras beso tu cuello.

Tu mano lleva mi polla hacia tu sexo y con un movimiento de tu cintura te la introduces dentro. Tus piernas se tensan acercando mi cuerpo al tuyo. Empiezo a follarte cada vez más fuerte y profundo. Empotrándote contra la puerta.

Echas la cabeza hacia atrás, gimes mientras yo jadeo junto a tu cuello. Una de mis manos aprieta una de tus nalgas, separándola de la otra y acercando uno de mis dedos a tu ano. Mientras la otra mano estruja uno de tus pechos pellizcando su erecto pezón. 

Mis empujones son cada vez más profundos y fuertes. Tus uñas se clavan en mi espalda, ahogo tus gritos con mi boca, fundiéndolos con mis jadeos. Noto como mis huevos están empezando a enviar su producción.

Mis piernas se tensan. Hundo mis dedos en tus nalgas. No puedo contener tus gritos de placer, tus piernas atenazan mi trasero haciendo que mi polla se clave más en tí. Sientes como mis bolas rebotan contra tu coño.

Te aviso de que mi descarga va a ser inminente. Tus ojos muestran que a pesar del disfrute que sientes en estos momentos, no quieres arriesgarte a tener que lamentar este encuentro  el resto de tus días.

Aflojas tus piernas y te descuelgas de mi, te reclinas sobre el lavabo y me pides: 

– Descárgate por mi entrada trasera.

Mis dedos y tus jugos ya habían preparado el terreno, no me costó mucho perforarte por detrás. Mi eyaculacion ya era inminente y apenas tengo tiempo de disfrutar de tu hermoso trasero. En pocos segundos mis calientes chorros inundan tu cavidad anal.

Nos miramos reflejados en el espejo, nuestros cuerpos sudorosos, nuestras caras desencajadas por el placer. Acaricio tus costados y tu espalda mientras me retiro dejando tu trasero abierto y desbordando mi espesa esencia por tus muslos.

La recoges con tus dedos antes de que manche las medias que aún llevas puestas, te llevas mi néctar a la boca y lo chupas mirándome desde el espejo, relamiéndote a continuación. 

Nos recomponemos cómo podemos, nos aseamos un poco y salimos del baño. En el camino nos cruzamos con una auxiliar de vuelo que se da perfecta cuenta de dónde venimos y nos lanza pícara sonrisa cómplice. Al tiempo que dice:

– Aún queda mucho vuelo, si necesitan cualquier cosa, no duden en pedírmela, esraré encantada de satisfacer cualquier demanda que puedan tener.

El énfasis que pone las dos veces que pronuncia la palabra cualquier hace que mi nueva seguidora y yo nos intercambiemos una sonrisa de camino al asiento. Este vuelo promete.

Texto e ilustración por @sexticles

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