Mañanas de terciopelo

Los rayos de sol que entran por nuestra ventana me despiertan, pero tú sigues aún dormida. Tu sinuosa silueta a contraluz parcialmente oculta bajo el edredón hace que se despierten en mí las ganas de ti.

Estás tumbada de costado, con tu espalda hacia mi. Tu suave piel llama a mis manos. Acaricio tus hombros, tu espalda, tu costado… Despacio, suavemente, no quiero despertarte aún.

Tus voluptuosas curvas me incitan a seguir, tu hermoso trasero, tu estrecha cintura, tu cadera… Deslizo mi mano sobre tu suave piel, sigues tumbada en posición fetal, con las piernas encogidas, realzando aún más el sinuoso paisaje que forman tus suaves formas.

Me acerco a ti, piel contra piel, siento el calor que desprendes, mi brazo rodea tu costado acariciando tu vientre, subiendo hacia tus senos. Mi mano envuelve uno de tus pechos, mis dedos rodean su erecto pezón, tú, aún soñolienta cubres con la tuya mi mano. Mi pene erecto roza tus nalgas, lo coloco en el canal que se forma entre ellas y me acerco aún más a ti.

Presiono mi cuerpo contra el tuyo, siento tu trasero y mi pene contra mi pelvis y mi abdomen, mi pecho contra tu espalda, mi mano aprieta con suavidad tu firme seno. Un suave gemido sale de tu boca, de la mía sale un dulce beso que aterriza en tu cuello, seguido de un susurro en tu oído que dice:

– Buenos días, amor mío.

Aún dormida vuelves tu cara y tus dulces labios se posan sobre los míos, con un tierno beso y un…

– Buenos días cariño.

Te vuelves y sigues con los ojos cerrados, acurrucada dentro de mi abrazo, envuelta por mi cuerpo. Mi mano abandona tu pecho y vuelve a recorrer tu piel: tu vientre, tu ombligo, tu pelvis, tu cadera, baja por tu muslo y retoma el camino de vuelta hasta envolver de nuevo tus deliciosas tetas.

De tu boca emergen murmullos de placer que me excitan, mi polla palpita contra tu piel, noto como sube tu temperatura. Mi mano vuelve a recorrer tu piel, acercándose a los labios de tu coño, sintiendo como empieza a humedecerse con mis caricias.

Mi boca comienza a cubrir tu cuerpo de besos y bocaditos, tu cuello, tu hombro, tu costado, tu cintura, tu cadera. Mis labios acarician tu piel, mi lengua cata tu delicado sabor. Tus gemidos van en aumento y mi erección también. Coloco mi polla entre tus muslos, rozando tus labios empapados, deslizándola sobre ellos, untándola con tus cada vez más abundantes jugos.

Agarro tu cadera mientras tu mano dirige mi glande hacia el interior de tu sexo, abriéndose paso entre tus suaves labios hacia el ardiente interior. Mi miembro erecto se clava en tu interior, despacio. Siento tu interior envolviendo suavemente cada centímetro que te penetra. 

Esa humedad cálida que recibe mi tronco hasta que mis huevos llegan a tocarte. Mi pelvis aplasta tus nalgas. Un cadencioso movimiento alterna entrada y salida, mi polla emerge de tu coño hasta que el glande roza tus labios, para a continuación volver a atravesarte hasta lo más hondo.

El ritmo va en aumento, tus gemidos se transforman en jadeos, mis oídos se deleitan con tu voz, mis dedos se clavan en tu cintura. A cada embestida me acerco más al orgasmo, mi pulso se acelera, gimo. Me pides más y acelero mis embestidas, perforándote más profundamente tirando de tu cintura contra mí.

Tus jadeos se convierten en gritos, tus manos retuercen las sábanas, los dedos de tus pies se encogen sobre sí mismos. Mi polla está a punto de explotar, mis venas palpitan hinchadas dentro de tí. De tu boca salen gritos de exigencia:

– ¡Si, si, dame más! ¡Así, sigue, dame tu leche, quiero sentir tus chorros calientes llenándome!

Tus palabras son música para mis oídos, y tus deseos se transforman en realidad de manera inmediata. Noto como la descarga sale de mis huevos, llenando mi polla, hasta vaciar su contenido en tu interior, inundándote de mi espesa esencia.

Cuando la notas en tu interior, contraes los músculos de tu coño, atrapando mi polla dentro de ti, empapada con la mezcla de nuestros jugos mientras tu dulce voz recita entrecortada:

-¡Sí, oh, sí, Dios, que gusto! Mmmmmmm

Beso tu cuello, tu espalda, tu hombro… Vuelves tu cara y tus labios se funden con los míos en un apasionado beso, mi mano se coloca sobre la tuya entrelazando nuestros dedos, nuestros cuerpos, sudorosos, descansan agotados. Acerco mi boca a tu oído y te susurro:

– Te amo, mi vida. Feliz Día de San Valentín.

Texto e ilustración por @sexticles

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9 comentarios en “Mañanas de terciopelo

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