La asistenta

Es una calurosa tarde de verano, yo estoy en mi estudio de la planta de arriba trabajando, cuando me doy cuenta, por los ladridos del perro, de que alguien se acerca a la casa.

Me asomo a mirar y al ver que eres tú, mi asistenta, bajo a saludarte para que sepas que estoy en casa. Eres muy asustadiza, y ya no es la primera vez que no me oyes entrar por el ruido de la aspiradora, y te llevas un buen susto cuando me acerco a saludarte.

Vienes muy sexy (siempre vistes sexy) con el pelo recogido en una cola, una blusa blanca ligeramente desabotonada que insinúa tu precioso escote y unos shorts que dejan a la vista tus bien torneadas piernas, bronceadas por el sol.

– Hola preciosa.
Te saludo como habitualmente, besando levemente tus mejillas.

– Hola. Que calor hace hoy… vengo sudando… encima se me estropeó el aire acondicionado del coche… ufff.
– Pues ya sabes, que por mí no hay inconveniente porque hagas las cosas de casa en ropa interior, como bien dices, no es muy diferente de verte en bikini.
– Jejeje, mejor que no, que si viene tu mujer.. o mi marido… podrían pensar mal…
– No creo que vengan, y si vienen, con dejar la llave “olvidada” por dentro en la cerradura, mi mujer no podría entrar. Y si viene tu marido a buscarte, no tiene llave.
– Qué malo eres … lo tienes todo pensado… pero va a ser mejor que no…
– Como quieras, cuando te estés derritiendo con la plancha ya te lo pensarás…
– Jajaja, abriré las ventanas, no te preocupes…
– Total, verte por aquí en ropa interior no sería para tanto…. Me pondría como una moto, pero nada más….
– Jajaja, y luego te tendrías que dar una ducha fría…
– Qué remedio… jajaja
– Bueno, voy a ponerme con la faena, y tú vuelve a lo tuyo anda…
– Mejor será….

Así partimos cada uno para su sitio, yo para mi despacho de la planta de arriba, y tú a recoger la ropa del tendedero. Al cabo de un rato subes al cuarto de la plancha, que está en la planta de arriba, puerta frente a puerta con mi despacho, entre los aseos de los dormitorios.

Al pasar hacia el cuarto te veo pasar, sudando y con la blusa pegada al cuerpo, así que vuelvo a meterme contigo…

– Si ya estás sudando y aún no empezaste con la plancha, no quiero ver cómo te vas a poner ahora…
– Jajaja, me las arreglaré, no te preocupes…
– Sabes que por mi te puedes quitar la blusa… total, con lo pegada que la llevas ya por el sudor, te transparenta tanto que ya puedo ver ese sexy sujetador que tienes puesto…
– La verdad es que tienes razón, pero te vas a quedar con las ganas…
– No pasa nada mujer, si veo que no lo resisto, me abalanzo sobre ti, y con lo caliente que voy, en cinco minutos habré acabado y serás libre….
– Jajaja… como eres.
– Bueno, haz como quieras, yo estaré aquí, pero no miro…
– Ya, seguro…
– Seguro, y para que veas, voy a ir al baño a bajar la calentura con la ale-manita.
– Jajaja

Tal y como te acabo de decir entró en el baño, porque realmente me ha puesto muy caliente ver como tu blusa se pega al sujetador, hasta sus morenas piernas están salpicadas de sudor… con esa imagen en la mente entro en el baño, dispuesto a pajearme imaginándome lo que me gustaría hacer contigo.

Estoy yo con los ojos cerrados y las manos en la masa cuando de repente se abre la puerta del baño y entras, al verme te quedas tan sorprendida como yo, sales de nuevo rápidamente, cerrando la puerta tras de tí y desde el otro lado dices:

– Perdona, no creí que hablaras en serio con lo de ir al baño a “refrescarte” el calentón, quería una toalla para secarme el sudor un poco, creía que estabas en tu despacho.
– Ya ves que hablaba en serio, me pones a cien, y no quiero hacer nada de lo que me pueda arrepentir, así que prefiero desahogarme y bajar la calentura con mis propias manos.
– Ahora ya me has visto, si quieres puedes pasar a coger la toalla, de la sorpresa de verte entrar se me ha bajado de golpe el calentón, así que, pasa si quieres…

Tras unos segundos pensando que hacer entras con la blusa desabotonada casi por completo y el sudor corriendo entre tus pechos.

Yo sigo sentado en el inodoro, con las manos en la masa, al verte entrar así mi erección reapareció al instante y mis manos no consiguen disimularla, además verte ahí de pie frente a mí, con mirada pícara no ayuda a hacerla desaparecer.

Sin decir nada coyes una toalla de la estantería y te secas un poco el sudor del pecho, desabotonando por completo la camisa.

– ¿En serio que te estabas pajeando pensando en mi?
– Si, hasta que me has cortado el calentón…
– Vaya… que pena… déjame ver que escondes ahí…

Te inclinas hacia mi regalándome una hermosa vista de tus senos encerrados en esa lencería tan sexy, y con tus manos agarras mis antebrazos para que te permita ver el estado de mi polla.

En cuanto me sueltas me pellizco para cerciorarme de que no me he quedado traspuesto y esto no es un sueño.

– Vaya, ¿y dices que se ha encogido? Pues ahora me intriga ver el tamaño que puede alcanzar…

Posas tus manos en mis rodillas desnudas y empiezas a acariciar mis muslos con ternura, reclino mi espalda hacia atrás y cuando tus manos llegan a mi polla, ésta ya está en pié de nuevo cerca de su máximo esplendor.

– Si que ha crecido rápido, no mucho más, pero…
– Creo que es mejor que no sigas… imagina que viene mi mujer…
– No creo que pueda sorprendernos, mientras fui a por la ropa para planchar metí la llave dentro de la cerradura, si viene tendrá que llamar…

Tus palabras, confesando que en cierto modo lo deseas tanto como yo, hicieron aumentar otro poco mi erección, más aún cuando tus labios se acercan a mi glande y lo obsequias con un corto beso.

Así, sentada en el suelo del baño, a mis pies, sacando tu lengua para rodear mi glande, te había visto miles de veces en mis fantasías, pero jamás imaginé que se convirtieran en realidad de manera tan fiel.

Tus tetas empapadas de sudor rozan mis muslos, tu boca engulle mi polla, levantas la vista, me miras, me guiñas un ojo y te metes mi polla hasta el fondo de tu garganta. Mi mano acaricia tu pelo y juega con tu coleta rubia mientras tu cabeza se mueve arriba y abajo.

Mi polla entra y sale de tu boca, tus manos acarician mis muslos, sacas todo mi pene de tu boca, bañado ensaliva, saliva que queda colgando entre mi glande y tu labio inferior formando finos arcos que pasan a formar rastros que penden de tu barbilla goteando sobre tu escote.

Te deshaces  de la blusa sin dejar de mamarme, y a continuación del sujetador…Mi polla desaparece de nuevo entre tus labios, aparece parcialmente, entra de nuevo…

Sale entera, embadurnada en saliva, me miras, tomas aire, me guiñas de nuevo un ojo y te la vuelves a introducir hasta el fondo de tu boca, hasta el punto de casi llegar a producirte arcadas, continúas por unos momentos, que se me hacen terriblemente dulces, deseo que no acabes nunca…

Yo ya estoy a punto de venirme con esa maravillosa mamada… al notar como mi polla palpita te separas y dices:

– Dúchame con tu leche caliente, quiero sentirla sobre mi cara, sobre mis tetas, sobre mi piel.

Metes de nuevo mi polla hasta el fondo de tu boca… sacándola luego un poco para juguetear con tu lengua sobre mi glande. La agarras con la mano, y ensalivada como está te la pasas por la cara, las mejillas…

Mi pene palpita de forma ya muy notable, la venida es inminente… lo notas y te echas un poco hacia atrás… mis chorros golpean tu frente, tu nariz, tu cuello, tus labios, tu pelo…, las últimas gotas caen sobre tus preciosas tetas desnudas, empapadas en sudor. Me sonríes y me dices:

– ¿Se te ha pasado ya la calentura?

Tratando de recuperar el aliento te contesto:
– Creo que no. Ahora aún tengo más ganas de tí que antes, pero creo que tardaré un poquito en recuperarme…
– Esto fue un sesenta y ocho, así que ahora tú me debes una…

Dices mientras te llevas a la boca los restos de mi semen, que recoges paseando tus dedos sobre la piel, relamiéndote después como una gatita en celo.
Te pones en pie frente a mí, te desabrochas el short contoneándose sensualmente y lo dejas caer al suelo, mostrándome un precioso tanga a juego con el sujetador que yace en el suelo sobre tu blusa, me tiendes la mano, te la cojo mientras te das la  vuelta dejándome contemplar tu precioso trasero, comienzas a caminar y me dices:

– Vamos a tu despacho…

Texto e ilustración por @sexticles

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