Sabes lo que quieres

Veo tu hermosa cara desde el otro extremo de la barra, medio escondida tras tu copa. Nuestras miradas se encuentran fugazmente. Doy un sorbo a mi copa y vuelvo a mirarte, ahora nuestras miradas se mantienen. Te miro, me miras…

Das otro sorbo a tu copa sin dejar de mirarme, pasas la lengua por tus sensuales labios tras el último sorbo. Dejas el recipiente vacío sobre la barra y te vas, comprobando que con mis ojos sigo tus pasos. Te acercas sinuosa, sin mediar palabra rozas mi brazo al pasar por mi lado dando un innecesario rodeo para salir del local.

Caminas de espaldas hacia mi, tu espalda, tu trasero y tus sinuosos movimientos me han hechizado, me miras sobre tu hombro invitándome a seguirte. Dejo mi copa y un billete de 20, sin esperar por el cambio voy tras de ti…

Salgo del local y me acerco a tu lado para preguntarte:

– ¿Quieres que te acompañe a algún sitio?

– Si, a tu casa.

Tu respuesta tan seca como directa me deja un poco descolocado, pero tu mirada sensual hace que mi parte racional pierda el control en favor de la parte emocional. Al llegar junto a mi coche te detienes, como si ya supieras cuál es, antes de que yo lo abra.

Subimos al coche sin mediar palabra en todo el camino, mis fugaces miradas a tus torneados muslos y tu mano acariciando mi brazo mientras me miras como conduzco lo dicen todo. Al detenernos en un semáforo, tus piernas cubiertas por unas sensuales medias negras, se separan levemente, estirando la tela de tu ceñido vestido negro que asciende unos milímetros hacia tu cintura.

Poso mi mano en tu muslo y la dejo ahí el resto del camino hacia mi casa, bendito cambio automático, notando como aumenta la temperatura de tu entrepierna a cada minuto que pasa. Colocas tu mano sobre la mía y la llevas hasta tus braguitas de encaje, que empiezan a humedecerse.

El bulto bajo mi pantalón es más que evidente, la mirada de deseo que le diriges en cada semáforo en que paramos, como te humedeces esos labios tan hermosos, hacen que el volumen de mi miembro aumente al ritmo que mi impaciencia por llegar a mi casa.

Por fin llegamos a mi casa en las afueras, sales del coche delante de mí y, como si la casa fuera tuya guías mis pasos hacia el dormitorio, contoneando tu cintura ante mis ojos, agarrando mi mano con dulzura.

Una vez en el dormitorio me arrinconas contra la pared, juntas tus labios a los míos, son tan suaves como hermosos, tus besos son dulces, tu húmeda lengua recorre mi boca, la mía saborea la tuya…

Tus suaves manos me van despojando de la ropa con destreza, las mías recorren tus sinuosas curvas, deteniéndose sobre tu firme trasero, plegando despacio tu elegante vestido sobre tu cintura.

Nuestros besos prosiguen, aumentando su intensidad a medida que la ropa va dejando de cubrir nuestros cuerpos, se transforman en pequeños mordiscos, intercalados con cruces de miradas ardientes de deseo.

Nuestra ropa yace en el suelo a nuestros pies. Mi espalda sigue contra la pared. Tu mano acaricia la longitud de mi miembro. Las mías recorren tus redondas nalgas, una de ellas rodea tu cadera y se dirige a tu ardiente sexo.

Un ligero gemido brota de entre tus labios cuando mis dedos rozan tus otros labios, separando sus pliegues para adentrarse en tu humedad. Mi palma presiona tu pelvis, estimulando tu hinchado clítoris al mismo tiempo.

Te retuerces de placer mientras sigues deslizando tu mano arriba y abajo por mi polla. Besas mi pecho mientras yo acaricio tu pelo sin dejar de estimular tu sexo.

Tus piernas se cruzan dejando mi mano atrapada mientras un orgasmo te hace explotar con un largo gemido. Tus piernas flojean y te dejas caer de rodillas ante mi. Acercas tus labios a mi glande, mi excitación es ya tan grande que no tardaré en correrme. Te lo hago saber.

Me miras con mi polla oculta en el interior de tu boca, la sacas sin dejar de mirarme y me dices:

-Hazlo en mi boca.

Vuelves a meterla en tu boca mientras tus manos juegan con mi ano, mis huevos, acelerando aún más mi alteración. Mi cuerpo se estremece de arriba abajo, los dedos de mis pies se retuercen en el momento en el que un chorro de espeso semen inunda tu boca.

Lo retienes, me enseñas tu boca abierta llena de mi cálida esencia que se desliza por la comisura de tus deliciosos labios.

Te pones de pie, me besas con el sabor dulce de mi leche aún en tu boca, te giras y te diriges a la cama. Te colocas sobre ella a cuatro patas, quieta en la esquina, ofreciéndome una hermosa vista de tu hermoso trasero, tu delicioso coño chorreando y tus muslos brillantes por los jugos que los bañan.

Volteas tu cara, me miras, tus ojos me piden que te posea, pero no es necesaria la petición, lo estoy deseando. Me coloco de rodillas tras de ti, fuera de la cama, acariciando tus caderas y tu cintura, besando tu trasero.

Mi lengua recorre el valle que forman tus nalgas, saboreo tu néctar, ligeramente ácido, delicioso. Beso tus labios, tu ano, tus nalgas. Sigo deleitándome con tu sabor y tu olor mientras mi polla recupera poco a poco su erección, ayudada por el sonido de tus gemidos de placer.

Pegas tu cara al colchón, tus manos retuercen mis sábanas, tu espalda se arquea. Mis labios chupan los tuyos, mi lengua acaricia tu clítoris, entra entre tus pliegues, produciéndote visibles espasmos de placer. Mi erección es completa de nuevo, me pongo en pie tras de tí. Ves nuestro reflejo en un espejo de la habitación, mi polla a punto de entrar en tí.

Con tus manos separas tus nalgas ofreciéndome tu estrecho ano ligeramente dilatado. Humedecido por mi saliva. Acerco mi glande a tu esfinter, al notar el contacto presionas hacia mi, mi polla se abre camino al ritmo que tu marcas.

Mis manos agarran tu delicada cintura mientras mi polla ardiente se va hundiendo en ti, centímetro a centímetro. Te penetro despacio, disfrutando del roce de la piel de mi tensa polla atravesando tu estrecha entrada. En cada embestida voy adentrándome un poco más, me encanta el calor que emana de tu cuerpo envolviendo mi polla.

Mi pelvis golpea tus nalgas, mis huevos rebotan contra tu empapado coño. Con una de mis manos rodeo tu cuerpo en busca de tu clítoris, lo acaricio, lo rodeo, lo masajeo… tus gemidos van aumentando de frecuencia y de volumen, hasta inundar toda la habitación.

Ahogas un alarido contra el colchón al alcanzar el orgasmo cuando mis dedos, que exploraban el interior de tu sexo, se encontraron, separados por una fina capa de piel, con mi polla entrando y saliendo de tu delicioso y cálido interior.

Mi cuerpo se ve sacudido por un nuevo orgasmo, que no va acompañado de eyaculación, pero que eriza cada vello de mi piel y hace que mis piernas pierdan fuerza, saco mi polla de tu culo, aún erecta y me tumbo en la cama a tu lado.

Nuestros cuerpos sudorosos yacen juntos en la cama, nuestra agitada respiración es lo único que rompe el silencio, descansamos, exhaustos, mientras un hilillo de tu flujo mana de tu coño, impregnando mis sábanas con su dulce olor.

Me quedo dormido, cuando despierto ya no estás, de tí sólo tengo un grato recuerdo y una escueta nota en mi mesilla que pone:

Si te necesito ya sé donde encontrarte…

Texto e ilustración por @sexticles
Dedicado a @kmadeva

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