El susto

Me gusta compartir fotos mías en poses provocativas para que los hombres me dejen mensajes diciéndome lo mucho que les excito, las cosas que me harían… Me sube la autoestima, me hace sentir deseada, algo que a pocas personas no les gusta.

Me gusta complacer, y no me importa que sean más rudos, o menos, me gusta que se dirijan a mí y expresen sus deseos, todo queda en la red, no me importa que sean solteros, casados, altos o bajos…

Tengo desde hace tiempo el deseo de sentirme una puta sumisa, tener un amo al que obedecer. Hoy por fin te encontré, entre todos los mensajes directos que recibo, los tuyos los siento dentro, el deseo de ser tu puta crece con cada orden que me das.

Resulta que no vives lejos, eres del mismo DF, se me empapan las bragas cuando me lo dices y empiezo a imaginar un encuentro real contigo mientras seguimos charlando por Twitter.

Ya no soy una niña, se los riesgos que entraña, pero quiero sentirme poseída, accedo cuando me pides vernos en persona, te doy mi dirección, y, tal como me pides, me preparo para recibirte en mi casa en una hora, que es el tiempo que estimas que tardarás en llegar ahora que apenas hay tráfico.

Los minutos me parecen horas. Te espero vestida con lencería sexy y unos zapatos de tacón alto. Al fin suena el timbre. Ya estás aquí. Abro la puerta al verte por la mirilla.

Entras y sin mediar palabra tapas mi boca y me acorralas contra la pared. No es lo que esperaba, pero me excita la situación, la puerta de mi casa sigue abierta, no la has cerrado al entrar, unos minutos después dos tipos más entran en mi casa y cierran la puerta.

Estoy asustada, esto no estaba en mis planes, deseaba ser tu puta sumisa, pero no esperaba a nadie más. Entonces comienzas a hablar, todavía con tu mano tapando mi boca, tu voz profunda y grave inunda el vestíbulo:

Bien putita, veo que eres muy obediente y me gusta, quiero ver hasta dónde llega tu sumisión. Sigue mis órdenes y no habrá ningún problema. Asiente con la cabeza si lo has entendido.

Asiento con la cabeza. Destapas mi boca y de un violento tirón por la muñeca me colocas en el centro del vestíbulo en medio de vosotros tres.

De rodillas. Ordenas con tu sensual voz.

Gatea delante de nosotros hacia tu salón…

Sigo tus órdenes, me dirijo a cuatro patas hacia el salón, moviendo sensualmente mi trasero, una vez en el centro del salón me pides que suba a la mesa central y vosotros os colocáis cada uno en un sillón mirándome.

Clavo en tí mi mirada buscando tu aprobación. Con un gesto de tu mano me ordenas que me voltee para poder ver a tus acompañantes. Tienen sus respectivos cinturones en la mano, están de pie, sus pantalones yacen en el suelo, y sus pollas apuntan al frente.

Uno de ellos rodea mi cuello con el cinturón y atrae mi cabeza hacia su polla. Miro hacia ti, algo asustada, pues un poco más de presión en el cinturón cortaría mi respiración. Estás sentado, sonriendo.

En ese instante una punzada de dolor recorre mi cuerpo, el individuo situado tras de mí me acaba de dar un fuerte latigazo con el cinturón en la tierna carne de mi nalga derecha, seguro que me va a quedar una buena marca.

El dolor me hace aullar, en cuanto abro la boca el otro individuo ahoga mi grito penetrando mi boca con su gruesa polla mientras tira por mí con el cinturón que rodea mi cuello.

Otro latigazo sacude mi nalga izquierda, el dolor empuja mi cuerpo hacia delante, lo que hace que la polla que llena mi boca se entierre hasta mi garganta, dejándome momentáneamente sin aire. Me vuelvo hacia atrás para respirar, el pene que me penetraba sale cubierto en una brillante envoltura de mis calientes babas.

Mientras tanto, tú, observas la escena sonriendo maliciosamente desde uno de mis sillones, acariciando el creciente bulto que se oculta bajo tus pantalones.

Mis ojos lagrimean, te miro, me complace tu sonrisa, a pesar de que deseaba ser poseída por tí, verte disfrutar es suficiente para mí.

Los latigazos en mis nalgas alcanzan mi espalda, mientras esa desconocida polla se familiariza con mi boca. Me duelen las rodillas y las muñecas empiezan a dormirme de mantenerme tanto tiempo en la misma posición.

Te incorporas y te acercas a mí, acaricias mi cuerpo como si de un trofeo se tratase, deslizando tus suaves dedos sobre mi piel.

Separas mis enrojecidas nalgas con tus manos abriendo mi ano, como si preparases el camino a la polla del que atizaba mi espalda con su cinturón.

Mi mandíbula duele de estar abierta tanto tiempo, con un gesto indicas a tus invitados que se aparten de mí. La polla que tenía en la boca se aleja con hilos de saliva que penden desde mis labios.

Tu mano agarra mi mandíbula inferior, acercándola a la superior, haciendo que alce mi mirada y nuestros ojos se encuentren. Tienes tu polla en la otra mano y comienzas a restregarla por mi cara. Sonries.

Tus acompañantes se colocan frente a mí, cada uno coloca un pie sobre uno de mis hombros, y a tu orden me pisan, pegando mi cara al suelo.

Te colocas tras de mí, agarrando mi cintura con tus fuertes manos, tirando de mi cadera hacia arriba. Mis hombros siguen pegados al suelo, sujetos por los desnudos pies de tus acompañantes. Mi espalda está arqueada, mi culo apunta al cielo.

Me pides que separe mis nalgas con mis manos. Lo hago. Escupes sobre mi ano y restriegas tu glande alrededor. Mi coño está tan mojado que siento mis jugos resbalar por las piernas abajo.

Besas mis doloridas nalgas. Y a continuación clavas tu polla en mi culo de un solo empujón. Siento como quema mis entrañas, siento tus venas palpitando contra mis paredes interiores.

Me follas el culo sin piedad ante la atenta mirada de tus acompañantes que esperan tus órdenes mientras mantienen mi cara contra el suelo.

Uno de ellos se tumba en el sofá, mirando al techo. Sacas tu polla de mi ano y me ordenas que me siente sobre la suya, haciéndola desaparecer. Su polla algo más delgada y corta que la tuya encuentra rápido acomodo en mi interior.

Haces que me tumbe sobre él, el que me daba latigazos acerca su pequeña polla a mi boca. Tú te colocas frente a mí y tu polla penetra mi polla. Tengo dentro tres pollas a la vez, os movéis como si hubieseis ensayado la coreografía (tal vez sea así)

Mi dolorido culo se mueve adelante y atrás sobre el abdomen de tu compañero mientras la polla del otro entra y sale de mi boca y tu pelvis dirige la mágica coreografía que me está llevando directa al orgasmo.

Trato de gemir, de jadear, pero el incesante martilleo de la polla de tu compañero en mi boca ahoga mis sonidos. Sin previo aviso su leche comienza a brotar en abundancia llenando mi boca y haciéndome toser, escupir, y derramar buena parte del espeso líquido.

El tipo que tengo debajo es el siguiente en rellenarme con sus jugos, que también me desbordan, embadurnando sus huevos y su abdomen.

Ya solo quedas tú, yo ya me corrí cuando mi boca sintió el delicioso calor del blanquecino semen de tu colega.

Agarras con fuerza mi cintura y te clavas hasta el fondo en mi… Tu compañero sigue dentro de mi culo, con su polla cada vez más encogida que no tarda en salirse envuelta en el cocktail que forman los fluidos que salen de mi coño al mezclarse con los suyos.

Me embistes con fuerza, cada vez más rápido, más profundo, hasta que, la presión de tus dedos clavándose en mi cintura anuncia tu orgasmo.

Te corres abundantemente, sacas tu polla aún vertiendo y la restriegas sobre mi piel desnuda.

Me agarras de la mandíbula haciendo que me incorpore. Besas mis labios y me susurras al oído.

– Te has portado muy bien, ahora tráenos unas cervezas mientras recuperamos fuerzas…

Tras el susto inicial de ver entrar a tus acompañantes sin saber sus intenciones, la velada ha sido muy placentera.

Voy a por las cervezas y trato de acelerar vuestra recuperación con algo de picar que coméis mientras yo voy lamiendo y acariciando vuestras pollas buscando que recuperen su erección para verme de nuevo usada por vosotros.

Texto e ilustración por @sexticles
Dedicado a @AlguienLa

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6 comentarios en “El susto

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